Este artículo es por primera vez un artículo que no tiene que ver nada ni con la economía, ni con la política, ni con ninguno de los temas que suelo tratar en el blog. En esta ocasión es un artículo personal, en el que comparto la pérdida de mi mejor compañero, mi perro Pupy.

Seguramente los que han comenzado a leer el primer párrafo, decidan no continuar leyendo ya que consideran una tontería compartir dedicar unas pocas líneas a un animal de compañía. Me parece perfecto, pero quiero que tengan presente que no estoy escribiendo para ellos, sino para mí y para aquellos que entienden el dolor por el que estoy pasando por estos momentos.

Pupy, no sólo fue un buen compañero que me tuvo que soportarme en momentos difíciles de mi vida, sino que me aporto un grado extra de humanidad y me permitió ver el mundo a través de sus ojos, enseñándome  que era posible un mundo mejor y mucho más humano que en el que vivimos.

Otra gran lección que aprendí de Pupy fue a valorar lo importante y dejar a un lado todas las cosas superfluas que cría que “eran lo importantes”. 

Esa mirada sabia de Pupy, terminó haciendo reflexionar y pensar en qué lado de la vida debía estar, o bien con el poder establecido mamando del becerro de oro o con los que sufrían por la ambición y mediocridad de ese poder que lo fagocita todo sin importarle nada. 

La decisión fue estar junto a los débiles e intentar cambiar una sociedad que es incapaz de tener con los suyos un mínimo de compasión y que por supuesto nunca tendrán la mirada limpia de Pupy.

A partir de hoy, cuando llegue a casa ya no estará para recibirme con esa alegría que parecía que en vez de haber estado unas horas fuera, llevara meses sin verme.

Tampoco podré enfadarme con él por haberme hecho alguna travesura que hacía que pusiera el grito en el cielo.

Pero sobre todo, la casa está muy vacía sin él y me provoca una enorme tristeza.


Sé que estas pocas líneas no hacen justicia a lo que fue para mí Pupy, pero al menos me ayudan a compartir mi dolor con vosotros y hasta cierto punto hacen que la memoria de Pupy se mantenga viva en Internet, y que dentro de muchos años, este artículo aún exista guardado en el fondo de algún servidor.

Si vivimos mientras nos recuerdan, Internet ayudará a que Pupy sea eterno.

Tengo que reconocer, que me cuesta  y me emociono constantemente con su recuerdo, pero sinceramente, no me importa. Como leí en una lápida fue fácil vivir contigo, pero olvidarte va ser imposible.

Pupy murió ayer, 27 de mayo de 2014 a las 10 de la mañana, ya no sufre y al final es lo que importa, pero sus casi 18 años de convivencia conmigo me marcaran para siempre y su recuerdo vivirá conmigo hasta que deje de estar en este mundo.

Adiós y hasta siempre mi más fiel compañero y sobre todo gracias Pupy por haberme permitido compartir contigo un tiempo en este mundo.

 
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