Como ya publiqué en mi página de Facebook hace un tiempo, he decidido comenzar una nueva línea editorial en mi blog “Lo que me Pasa por la Cabeza”. Hasta el momento me había limitado al Análisis Fundamental  de la economía española e internacional y tan sólo de manera puntual escribía sobre las implicaciones de la economía sobre la vida de las personas.
¿Está nuestra libertad en peligro?
¿Está nuestra libertad en peligro?

En esta nueva etapa, sin dejar a un lado el Análisis Fundamental, ampliaré los temas a tratar y me centraré en desvelar y denunciar las injusticias que se cometen sobre la población bajo el paraguas de la denominada “crisis económica”.

Estas mentiras navegan por diferentes aguas que van desde la política, la macroeconomía y microeconomía creando una sensación de impotencia en los ciudadanos y avocándoles a aceptar las exigencias de los “poderes económicos”  más que como una pérdida de derechos, como un ajuste necesario para poder salir de la actual crisis económica.

Esta sumisión que va acompañada de una constante humillación debe de ser denunciada y proveída de argumentos de peso capaces de contrarrestar las falacias creadas por los representantes de los poderes económicos, los políticos y difundidas como un virus por sus voceros de los medios de comunicación de masas.

Si bien los políticos, los poderes económicos, las instituciones internacionales y los medios de masas adjuntos a estas podrían parecer los únicos responsables de la actual situación de España, esto no sería del todo cierto, ya que a estas instituciones debemos añadir otros elementos que participarían en una estrategia de desgaste en la actual degradación social, me refiero a los nuevos “falsos profetas” nacidos desde iniciativas ciudadanas cuyo origen fue el movimiento del 15M.

Esta afirmación que podría parecer una necedad en sí misma, nace de la observación y el análisis de diferentes movimientos “apoyados en las ideas del 15M” y que con el paso del tiempo comienzan a provocarme sospechas. Dicho esto, la pregunta que se deriva de esta afirmación es ¿En qué me baso?

En primer lugar quisiera decir que la respuesta excluir o como concepto al movimiento ciudadano que expresó su indignación a través de lo que se denominó el “15M” ni tampoco a todas las iniciativas que han podido nacer o que nacerán de este movimiento de indignación, tan sólo se dirige a aquellas iniciativas que actúan como “falsos profetas” proclamando cambios sustanciales de la actual democracia y realmente lo que aplican es una técnica de desgaste mediante manifestaciones continuadas y acciones aparentemente directas que promueven entre los participantes de buena voluntad una sensación de impotencia, al chocar constantemente contra un muro infranqueable.

Ambos objetivos, junto a la estrategia de encorsetar un movimiento ciudadano libre dentro de lo aceptable bajo el criterio de los partidos y el actual sistema organizativo de la democracia llevan a la oficialización del movimiento y al juego de las normas impuestas por los poderes vigentes.

Voy a intentar explicar el párrafo anterior que en principio parece un lío carente de sentido, en algo más claro. Si observamos el desarrollo de las protestas en la calle desde el 15 de Mayo de 2011, vemos que se basan en una técnica de desgaste de los ciudadanos ya que todas y cada una de ellas no han buscado luchar por un objetivo concreto, sino que se establecen “slogans” genéricos y carentes de una aplicación práctica en el corto plazo. A esto hay que añadir el despliegue espectacular de las fuerzas del orden y su actuación contundente sobre incidentes aislados, que no se limita a los autores de dichos incidentes, sino que se ejerce  de manera consciente de forma indiscriminada con el fin de crear varias sensaciones, la primera es de fortaleza del sistema frente a sus enemigos, los ciudadanos, tanto los que participan en el acto, como aquellos que se informan a través de los medios de masas del mismo. La segunda es el miedo irracional a ser reprimido por expresarse de manera diferente y tercero, de impotencia, hagas lo que hagas, nada cambiará. Y la tercera, el hastío, “otra manifestación”, paso… total para que… no se va a conseguir nada.

Sobre los incidentes violentos es necesario decir que en la inmensa mayoría de los caso son focalizado, o dicho de otro modo, son localizados y concretos. Las personas que participan en ellos están organizadas, por lo que es fácil deducir que esta organización debe de estar motivada por alguna razón. Desde mi punto de vista, si quitamos a los descerebrados y nos centramos en los que organizan la acción, yo apostaría que los organizadores son personas pagadas para crear caos en unos casos y en otros “podrían (supuestamente) ser agentes del orden” infiltrados y con órdenes específicas de provocar disturbios.

Sobre la infiltración de los agentes del orden en las manifestaciones existen pruebas innumerables gracias a los vídeos grabados y después colgados en Internet. Respecto a pago, es una deducción propia basada en que fue una estrategia usada de manera asidua en las manifestaciones más violentas del País Vasco y donde era posible ver (por azar) como los instigadores de los incidentes más violentos y que después de comenzarlos desaparecían y reaparecían en un portal cualquiera, junto a otras personas que pagaban el servicio realizado.

Otro modelo de protesta y que provoca un enorme desgaste son las acciones puntuales, como invadir una sucursal o evitar o desahucio. Estas acciones atomizadas y con éxitos puntuales consiguen evitar las acciones colectivas y con ello  poner en peligro al sistema en su conjunto. En realidad están basadas en la antigua estrategia de “divide y vencerás”.

Uno de los mayores temor es de cualquier sistema de poder es que aquellos sobre los que ejerce la opresión se organicen y emprendan acciones de carácter colectivo. En este sentido, por un lado los sindicatos y por otro algunos movimientos ciudadanos colaboran de manera activa a la división en la lucha por los derechos sociales.

En el caso de los sindicatos, con el fin de proteger sus privilegios, organizan protestas y manifestaciones muy locales, de tal manera que cada uno defiende su pequeña parcela, los médicos de la Comunidad de Madrid, la sanidad pública madrileña, los profesores de la ciudad de Cuenca, la educación pública de Cuenca y así sucesivamente, pero ningún colectivo se une con el resto de autonomías o ciudades para defender la Sanidad Pública en España, o la Educación Pública en España, de tal manera que los sindicatos cumplen con su función, que es la de encauzar las protestas sociales, pero al mismo tiempo obedecen a quienes “les dan de comer” y particularizan las propuestas disolviendo su verdadera fuerza, “un objetivo común”.

En el caso de las plataformas supuestamente ciudadanas, aún es más indignante, ya que nacen como un grito desgarrador de la indignación ciudadana y derivan en asociaciones perfectamente reglamentadas que no buscan acciones de cambio reales, sino que se mueven en una delgada línea entre la consecución de victorias pírricas y la inacción a nivel real. Esta inacción se evidencia cuando se analizan sus acciones y se observa que en ningún momento se han establecido estrategias concretas con el fin de presentar alternativas reales que permitan un cambio general sobre aquello sobre lo que se está luchando.

Pondré un ejemplo sobre el que muchos me criticaran, las ejecuciones hipotecarias. Las Asociaciones en defensa de los desahuciados sin lugar a duda nacen con la muy buena intención de defender a aquellas personas que van a ser desalojadas de sus viviendas de manera flagrantemente injusta y contraria a cualquier Ley o Derecho Humano y si bien en un principio se organizan para la defensa de casos individuales a medida que sus acciones van teniendo cierto eco, se observan dos cosas, la primera es que continúan con sus acciones individuales, dejando a un lado la necesaria reforma legislativa y por otro, que se organizan como colectivo, estructurándose dentro del sistema contra el que protestan, incluso algunas de ellas aparecen líderes con nombre y apellidos que se convierten en sus portavoces frente a la opinión pública.

Estas agrupaciones lideradas por personas individuales me resultan sospechosas porque tan sólo atacan el problema de manera superficial cuando se ven presionadas por la opinión pública, de tal manera que piden por ejemplo el “cambio de la Ley Hipotecaria” cuando el problema real en los desahucios esta procedimiento judicial del “lanzamiento (desahucio)” y en la inaplicación del artículo 47 de la Constitución al no respetar el derecho de una vivienda digna al no crear las normas adecuadas para hacer efectivo dicho Derecho.

Tampoco atacan en la línea del artículo 24 de la Constitución donde se reconoce “la tutela efectiva de los jueces” en ejercicio de los derechos de los ciudadanos, cuando estos mismo jueces incumplen de manera sistemática esta tutela al no permitir la oposición al proceso ejecutorio, al no paralizar dicho proceso como consecuencia de dicha oposición.

Tampoco se aplica dicha tutela judicial al permitir que en el caso de los procedimientos de desahucio no se aplique el artículo 51 de la Constitución sobre la Defensa de los Consumidores, ni la Directiva Europea 93/13 donde explicita de manera clara cuales son dichos Derechos y que los poderes públicos de manera consciente no aplican en los procedimientos de ejecuciones hipotecarias, convirtiendo dichos procedimientos en ilegales e inmorales.

Frente a estas propuestas de lucha práctica las algunas asociaciones en defensa de los hipotecados se limitan a encauzar la rabia y la indignación social como válvula de escape de tal manera que por un lado el problema sigue siendo el mismo, sólo que estas asociaciones permiten a los ciudadanos expresar su rabia y evitar que dicha indignación ponga en peligro al actual sistema político.

Ante todo lo descrito con anterioridad ¿cómo podríamos distinguir a los “falsos profetas”? en definitiva diferenciar el grano de la paja. Realmente no lo sé, lo que si se es que aquellos movimientos que eliminan las decisiones colectivas, me hacen sospechar. Que aquellos movimientos que se su cara visible es una persona que se convierte en su portavoz de manera indefinida, sospechoso de ellos. Sospecho de todo movimiento que no entierre sus raíces en el anonimato y la decisión colectiva y que de alguna manera se arrogue el derecho de representarnos en alguna causa sin que se lo hayamos pedido. En definitiva, sospecho de todo aquello que se desmarque de la esencia del 15M marcada por los ciudadanos anónimos que participaron en el movimiento.

Esta primera parte de una serie de artículos bajo el título genérico de: La Democracia en España “La Crónica de una Muerte anunciada”, donde intentaré mostrar como veo la actual situación de la Sociedad española y que futuro nos puede esperar.
 
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