Obama asiste después de 3 años a la Cumbre entre Estados Unidos y la Unión Europea con el único fin de acelerar y relanzar las negociaciones sobre el Acuerdo de Comercio Transatlántico TTIP

Esta semana asistimos al que se podríamos denominar como impulso fundamental a las negociaciones del Acuerdo Comercial entre la Unión Europea y los Estados Unidos. Para ello, se ha escogido como escenario de la representación, la cumbre bilateral anual entre la UE y Estados Unidos, a la que por cierto no había acudido el presidente Barack Obama ni en 2012, ni en 2013, pero en esta ocasión el presidente norteamericano ha considerado necesaria su presencia para presionar personalmente a sus aliados europeos y acelerar la velocidad de las negociaciones sobre el TTIP a fin de que este ultimado a finales de 2015.

El presidente norteamericano Barack Obama es plenamente consciente de los diversos problemas que sobrevuelan el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones  y que no sólo se reducen a la cada vez mayor oposición ciudadana en Europa y Estados Unidos, o la posición timorata de los políticos europeos de los grandes partidos temerosos de perder posiciones en las próximas elecciones europeas, sino a sus propios problemas dentro del Partido Demócrata  que ponen en entredicho la manera en que se están llevando a cabo las negociaciones del TTIP.

Probablemente en España pocos sepan de las tensiones existentes entre el presidente Obama y el partido Demócrata sobre el Acuerdo Económico entre Estados Unidos y la Unión Europea siendo el eje de la tensión entre ambas partes es sobre quién debe llevar el mando de las negociaciones. 

El presidente Obama ha implicado personalmente en este acuerdo y quiere ejercer un control total sobre la negociación dejando a un lado tanto al Congreso como al Senado norteamericanos y reducir el papel de ambas cámaras al mero refrendo del Acuerdo una vez terminada la negociación.

Este carácter personalista de Obama parece haber crispado a la mayoría demócrata del Senado que pone en tela de juicio la competencia negociadora presidencial en un Acuerdo de estas proporciones que afectaría al conjunto de la economía norteamericana y están luchando para obligar que Obama traspase las competencias negociadoras al Senado norteamericano.

Esta lucha de competencias entre el poder ejecutivo y el legislativo lejos de suavizarse, es probable que se recrudezca en los próximos meses y haga que Obama sea nuevamente derrotado por sus propios correligionarios.

Otro problema que de manera sistemática se obvia en la parte negociadora norteamericana es que  la negociación al ser dirigida por el presidente y el Departamento de Comercio, ambos con competencias limitadas podría suceder que otros departamentos no refrendaran los aspectos que correspondieran del Tratado a sus competencias, cercenando parcialmente la negociación del Acuerdo e incluso, aunque el presidente Obama bendijera el Tratado podría suceder que además de ser nulas las partes no competenciales del Departamento de Comercio y del Presidente, el Senado norteamericano no aprobara el Tratado.

Como se puede comprobar, la existe una diferencia importante entre la imagen que los norteamericanos intentan transmitir sobre el futuro del Acuerdo Comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea  y lo que realmente puede deparar el futuro a dicho Tratado Comercial.

En cuanto a la parte europea, se presenta en la cumbre bilateral  bajo la incertidumbre de las elecciones de mayo al Parlamento Europeo cuyo resultado reducir el peso de los partidos que apoyan el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones y aumentar la influencia de los que están en desacuerdo, aumentando tanto la presión política, como la social en contra de la firma del Acuerdo Comercial.

Esta incertidumbre hace que la reunión bilateral del próximo miércoles 26 de marzo sea un vehículo de propaganda fundamental para intentar promover una imagen del Acuerdo Comercial entre Estados Unidos y la UE favorable frente a la opinión pública y parece evidente que no se va a escatimar en medios.

Asistiremos a una cobertura por parte de los medios de comunicación de masas exhaustiva y que promoverá únicamente los supuestos beneficios del TTP, ignorando los perjuicios evidentes del mismo.

De hecho, en España, donde hasta hace dos semanas se había aplicado una estrategia de “no información sobre el Acuerdo”, ha comenzado a informarse en algunos medios de manera tímida sobre el mismo y por supuesto han aparecido los mantras del crecimiento, respeto al medio ambiente y protección al consumidor como consecuencias de la firma del TTIP.

Por suerte, la mayoría de las personas que aparecen en los medios de comunicación y los periodistas que transcriben las notas de prensa que se les entregan no tiene  ni las más remota idea sobre el cuerdo Transatlántico de Comercio e Inversiones.

Pondré algunos ejemplos de los mantras más comunes que se repetirán en los próximos días. El primero de ellos es que el Tratado aportará a la economía europea 119.000 millones de euros. 

Este es dato extrapolado de los estudios económicos previos encargados de la Comisión Europea, pero como muchas extrapolaciones, cuando se sacan de contexto provocan una visión falsa e interesada del dato. En este caso, se busca la confusión haciendo creer que la cifra es anual, cuando en realidad los estudios se refieren a esta a lo largo de 10 años, por lo que en términos interanuales, hablaríamos de 11.900 millones de euros en el conjunto de la Unión Europea.

Esta cifra de 11.900 millones de euros repercutiría en el crecimiento del PIB de la Unión en un 0,09% anual, una cifra irrisoria.

Una segunda variante del dato anterior, es transmitir que esta cifra se obtiene tan sólo de la reducción de aranceles, uno de los argumentos claves para la firma del acuerdo.

Esta otra manipulación del dato nada tiene que ver con los estudios previos de la Comisión Europea que habrán calculado que la eliminación  de los aranceles impactarían sobre el PIB de la Unión Europea en 23.753 millones de euros a los largo de diez años. 

En términos anuales, el impacto de la eliminación de los aranceles sería de 2.375 millones de euros, equivalente al 0,02% del PIB de la Unión Europea. 

Esta nueva cifra irrelevante habría que unirla a una segunda cifra que nuestros representantes políticos se niegan a  pronunciar y son los 5.000 millones de euros que perderá el erario público de ingresos y que pasaran de formar parte del mecanismo de redistribución de la riqueza de los ciudadanos europeos  a las cuentas de resultados de las grandes compañías beneficiadas directamente por la firma del Acuerdo de Comercio entre Estados Unidos y la Unión Europea.

Otro mantra que oiremos, es que el Acuerdo creará empleo, 9 millones de puestos de trabajo, lo que se les olvida decir es ¿dónde, cómo y en cuánto tiempo?

Este asunto que desarrollaré más en profundidad en un próximo artículo de la serie  sobre el TTIP, me limitaré a dar unos simples retazos. El primero, ¿dónde?, dependerá de la relación comercial de cada país europeo con Estados Unidos, de tal manera que aquellos países que tengan dentro de sus fronteras industrias que se benefician del acuerdo, por ejemplo automovilísticas, crearan nuevos puestos de trabajo, mientras aquellas que no posean sectores beneficiados por el comercio entre su país y Estados Unidos verán como el nivel de desempleo aumenta gracias al Acuerdo Comercial.

Segundo, ¿cómo?, si bien se creará empleo en las zonas más beneficiadas, se perderá en otras y esto significará que para encontrar empleo, será necesario desplazarse a otras regiones o países de la Unión Europea con el consiguiente desarraigo familiar. A esto habría que unir el desconocimiento de los trabajadores sobre los sectores en crecimiento y la barrera idiomática.

Como consecuencia de ello, el trabajador desempleado necesitará formarse en los nuevos sectores en desarrollo y aprender un nuevo idioma. Esta doble barrera, sobre todo en los trabajadores de más de 45 años entre los cuales aumentará el paro estructural, enviándoles directamente  a la exclusión social.

Tercero, ¿Cuánto tiempo?, en este caso la creación de empleo se ha calculado en un periodo de 15 años, por lo que la creación anual de empleo en toda Europa sería de tan sólo 133.000 puestos de trabajo.

En términos porcentuales y en el mejor de los casos, la firma del Acuerdo Comercial supondría un aumento del 0,43%.

Un tercer mantra, sería el del crecimiento anual del PIB del 1% si se firma el Acuerdo Comercial. Este dato, que ni tan siquiera saben los que lo dan de donde sale, simplemente, porque no sale de ningún sitio, ya que no existe ningún estudio que avale dicho crecimiento del PIB.

Lo diferentes estudios establecen un margen del crecimiento anual del PIB en la Unión Europea de entre el 0,27% y el 0,48%.

Este artículo intenta preparar un poco al lector sobre las mentiras y manipulaciones que va a oír a lo largo de esta semana y de los próximos meses a fin de que al menos tenga algunos datos de referencia que le permitan contrastar lo que el régimen trasmite a través de la propaganda y lo que dicen los estudios sobre los que precisamente se basan los defensores del Acuerdo de Transatlántico de Comercio e Inversiones entre la Unión Europea y Estados Unidos.

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