El modelo de televisivo de Sálvame referente de las tertulias televisivas sobre actualidad política

El modelo de televisivo de Sálvame referente de las tertulias televisivas sobre actualidad política

El modelo de tertulia televisiva de “Sálvame” parece haber calado entre las múltiples tertulias de actualidad que se agolpan en las parrillas de las distintas televisiones, ya sean públicas o privadas. Este cáncer intelectual incluso llega a programas en teoría críticos y serios como “El Objetivo” de la “Sexta” que se deja llevar tanto del ansia de protagonismo de su presentadora, como del pertinaz objetivo de amoldar la realidad al guion preestablecido por la productora independientemente de los expertos que participan y que en ocasiones parecen obligados por las preguntas que se les realizan a establecer unas conclusiones independientemente de su interpretación sobre los datos.  Esto supone una falta de objetividad que parece contradecir el propio nombre del programa.

Esta manera de manejar los contenidos, no es propiedad del programa de la Sexta “El Objetivo”, sino que parece ser una cualidad de los informativos, tertulias, etc de todas las cadenas, donde prevalece la opinión de la cadena y de sus intereses económico-políticos por encima del interés informativo.

Esta manera de actuar de los medios masivos de comunicación no es algo novedoso y ha sido utilizado por el poder a lo largo de la historia sin el menor pudor, con el fin de poder  manipular a los ciudadanos para hacerles creer que la realidad es la que ven o leen a través de los medios de comunicación masivos.

Si bien como he dicho, esta forma de actuar no es algo nuevo, lo novedoso es que al contrario de otros momentos históricos donde siempre había algún medio que era capaz de romper con los mensajes generales y denunciar la auténtica realidad, permitiendo a todos los ciudadanos la posibilidad de acceder a una información independiente, en estos momentos esa opción no existe.

Estoy seguro que a estas alturas del artículo más de uno pensará que esto no es así puesto que en Internet circula libremente información independiente que permite contrastar y contrarrestar las información recibida desde los medios de comunicación masivos y por lo tanto podríamos afirmar que la argumentación de este artículo no sería correcta, pero me temo que esta visión sobre la realidad de la información no se ajusta a la realidad.

Lo dejó claro un político habitual en las tertulias televisivas en un encuentro interno con miembros de su partido, que no sentía ninguna preocupación por lo que pudiera aparecer en internet, e incluso en los medios escritos de comunicación ya que un minuto en la televisión le permitía enviar un mensaje concreto a millones de personas, mientras que un artículo escrito en un medio digital, en el mejor de los casos era leído por unas pocas miles de personas, por lo tanto el impacto real en la sociedad de una intervención televisiva era mucho más efectivo que cualquier artículo escrito en Internet.


Otro ejemplo de la eficacia relativa de los contenidos de internet sería por ejemplo Facebook donde una foto de la borrachera del fin de semana puede tener miles “Me Gusta” y el último artículo del economista V. Navarro tendrá unos pocos “Me Gusta”.

Hay que tener claro que si bien internet es un medio extraordinario para la distribución de información independiente, también tiene sus limitaciones y la primera y más importante es que muchas de aquellas personas que quisieran conocer estos contenidos o no tienen internet o no saben acceder a contenidos independientes de información de tal manera que los informativos y las tertulias políticas son el verdadero acceso a la información que tienen estas personas.

Es importante recordar que el número de internautas en España es de entorno al 50% de  la población y que un 20% de estos internautas son menores de edad.

Una vez descrito el entorno de distribución de la información de forma breve entraré en el efecto cancerígeno del programa televisivo “Sálvame” en las tertulias políticas televisivas.

El programa “Sálvame” tiene un esquema sencillo basado en rellenar varias horas de programación con unos contenidos mínimos. Este milagro lo consiguen convirtiendo la información en algo irrelevante y potenciando la opinión de los contertulios.

Esta potenciación de la opinión tiene como axioma, que la opinión de cualquiera de los tertulianos es verdad independientemente de la realidad y que dos opiniones contrarias son iguales y tienen el mismo valor, por lo tanto la discusión tan sólo das vueltas sin llegar a ningún sitio.

Esta forma de actuar en la tertulia de “Sálvame” se ha trasladado a las supuestas tertulias políticas serias de la televisión, donde una opinión y la contraria tienen el mismo valor independientemente de la argumentación de las partes. Esto lleva a situaciones ridículas tales como que un tertuliano (situación poco común) argumente con datos su postura y el contertulio contrario se limite a descabalgarlo con meras descalificaciones.

Esta forma de funcionar interesada, es promocionada por todos los participantes ya que ninguno de ellos tiene la pretensión de argumentar de forma fundamentada y convencer al contrario, sino simplemente la de transmitir al televidente un concepto (un mensaje) que le permita sacar ventaja.

En la Grecia clásica esta forma de actuar estaría representada por los Sofistas, capaces de argumentar a favor y en contra de Elena de Troya, aunque tengo que reconocer que al menos los sofistas intentaban crear un discurso coherente y bien construido, mientras que los contertulios televisivos usan argumentos balbuceantes y endebles en el mejor de los casos.
Las opiniones no pueden estar por encima del conocimiento objetivo

Los griegos hace más de dos mil años ya fueron capaces de resolver el problema que planteamos en este artículo diferenciando “Doxa” “opinión” como la parte inferior del conocimiento y “Episteme”  la parte superior del conocimiento.

Tomemos un ejemplo sencillo y fácil de entender, supongamos que se nos pregunta sobre los agujeros negros y la mecánica cuántica, probablemente diríamos que no sabemos  nada y que es una pregunta o una discusión para físicos, o al menos yo haría eso.

La respuesta “no se nada sobre eso” ante un asunto tan especializado resulta natural dicha respuesta, pero parece que ante otros temas todos somos capaces de opinar. Resulta curioso que en otros temas que también requieren un cierto conocimiento no seamos tan humildes. Pongamos otro ejemplo actual, el aborto, este tema parece estar en boca de todo el mundo y todos nos vemos llenos de argumentos a favor de la nueva Ley o en contra, pero ¿realmente alguien argumenta de manera fundada sobre el aborto?

Sinceramente creo que no y esto supone que cualquier opinión valga lo mismo, ya sea decir que desde el mismo momento de la concepción un grupo de células es un ser humano, o usar el argumento “nosotras parimos, nosotras decidimos”, ambos argumentos se mueven en el terreno de la opinión, “doxa” y no en el del conocimiento “episteme”, por lo tanto lo primero que habría que definir científicamente, cuál es el momento en el que un embrión puede ser considerado un ser humano y a partir de ahí es donde tendría sentido una discusión sobre el aborto en el terreno de la opinión, ya que antes de ese momento el aborto debería ser simplemente, libre, puesto que al no existir un ser humano se convertiría en una intervención quirúrgica rutinaria dentro de la medicina donde no tendría sentido la opinión de otros y solo habría que tener en cuenta la decisión de la afectada por la intervención.

El problema en este tipo de discusiones se enquista cuando la opinión se valora e iguala al conocimiento y permite poner en valor cualquier opinión sin ninguna base objetiva. 

Esto llevado a la economía es idéntico y permite que políticos o tertulianos opinen “ex catedra” sin tener la menor idea de lo que están hablando y retuerzan la realidad hasta que se ajuste a sus propios intereses.

Un ejemplo de esto fue es la intervención de Mariano Rajoy en la Cámara de Comercio de Estados Unidos, donde después de defender con especial fuerza el “Tratado Transatlántico” con datos generales que se pueden encontrar en internet, reconoce que desconoce los datos dados en favor del “Tratado Transatlántico” por el presidente de la Cámara de Comercios de Estados Unidos  (ver vídeo  2 titulado "Respuestas del presidente del Gobierno a los empresarios" a partir del minuto). La pregunta es sencilla, ¿cómo se puede defender algo que se desconoce? La respuesta es igual de sencilla, porque no importa que datos sostienen una afirmación, lo que importa es la afirmación en sí misma y lo que se quiere conseguir con ella.

Un último elemento a diferenciar es diferenciar entre ciencia y ciencias humanas. La ciencia tiene la capacidad de explicar de manera objetiva un hecho, mientras que las ciencias humanas obtienen conclusiones razonablemente fundadas a través de los datos obtenidos.

La definición anterior supone en primer lugar que las verdades demostradas empíricamente por la ciencia no pueden someterse al terreno de la opinión.

En segundo lugar, que las ciencias humanas tales como la economía, sí que pueden ser discutidas siempre y cuando se aporten argumentos suficientes que invaliden una tesis. Este concepto creo que es muy importante puesto que a las afirmaciones económicas se les da en muchas ocasiones un valor de afirmaciones científicas, cuando realmente  no lo son y están sujetas a factores subjetivos y de intereses espurios que las invalidan.

Esto no quiere decir que puedan reducirse al terreno de la opinión, sino que para invalidarlas es necesario argumentos y datos que las invaliden. 

Lo que intento transmitir en este artículo es que no todas las afirmaciones valen lo mismo y por lo tanto nos lleva al absurdo de creer que la opinión subjetiva e infundada del portavoz de foro de la familia, tenga el mismo valor que la de un embriólogo. 

Espero que esta pequeña aportación permita poner en discusión la información que recibimos desde los medios de comunicación masivos y como de manera equivocada creemos que la opinión  tiene el mismo valor que el  conocimiento.
 
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