Lo mismo que ha ocurrido las semanas anteriores, la deuda soberana y las medidas de la Unión Europea han acaparado la atención de los mercados independientemente de los datos macroeconómicos y corporativos.

A lo largo de la semana se ha pasado de una desconfianza absoluta en los políticos europeos para poder llegar a un acuerdo acerca de segundo rescate griego y de las críticas veladas al test de stress de la banca europea, a un estado de euforia por el acuerdo llegado el jueves que como ya resumí el viernes, se resume en los  siguientes puntos:

1)      Grecia recibirá hasta el año 2.014, €109.000M, siendo el 66% procedentes del EFSF y el 33% restante, la aportación del FMI.
2)      Estos fondos servirán para avalar la posible declaración de default por parte de las agencias de rating, permitiendo la liquidez necesaria para operaciones colaterales de la deuda.
3)      Aportación de €49.000M por parte de la iniciativa privada, pudiendo hacer efectivas estas aportaciones bajo tres formas distintas.   Swap de la deuda. Segundo,aplazamiento de la deuda hasta 30 años, con un mínimo de 15 años y la posibilidad de 10 años de cadencia. Tercero, recompra de la deuda.
     Estimación de la participación privada por parte de la UE, €37.000M mediante swap y €12.000M mediante recompra.
4)      Modificación de los tipos de interés del 4,5% al 3,5%. Esta medida no sólo es válida para Grecia, sino que se aplica a Irlanda y Portugal.
5)      Plan Marsall para Grecia, con dotación de fondos estructurales y ayuda técnica con el fin de impulsar la economía griega.

A este plan, tendríamos que añadir las medidas tomadas por la Comisión Europea, de la creación de un fondo por parte de los bancos con el objetivo de hacer frente a los problemas particulares de cada país, independientemente del fondo de reserva del 8%.

Pero si bien alabo el acuerdo al que se ha llegado, también me parece muy acertado el edcrito en el “The Wall Street Journal” más que una solución, es “un torniquete” y como todos sabemos, si no se aplica bien el torniquete o bien produce un corte excesivo de la circulación, o si no se afloja cuando corresponde, agrava la pérdida de sangre.

Visto de otra manera, si estas medidas no van acompañadas de soluciones a medio plazo, después del 2.014, lo único que se conseguirá es, en gangrenar  la situación. Es importante señalar en primer lugar que las decisiones tomadas sin un desarrollo técnico adecuado de los detalles que permitan llevar a la realidad dichas medidas, al final se quedaran en papel mojado.

En segundo lugar, existe una discrepancia entre las cantidades asignadas al plan y las necesidades reales, calculadas en €170.000M.

Tercero, el dinero asignado no servirá de nada si no se consigue una mejora en el empleo y en la estimulación del consumo interno. Por lo tanto, para que el plan tenga éxito, la parte más importante es la referida al “Plan Marsall Griego”.

Este denominado plan Marsall, no sólo es necesario desarrollarlo en Grecia, sino que también sería positivo utilizarlo en los países de contagio y fundamentalmente en España.

España en este momento se mantiene una cifra de paro del 20%, si esto se agudiza entraría de nuevo en recesión y supondría una nueva herida en la ya tambaleante economía de la Unión Europea. Conclusión lógica, una situación límite en España e Italia produciría el hundimiento definitivo del Euro y de la Zona Euro. 

Por lo tanto, ahora es el momento de tomar medidas y no cuando se llegue a la zona límite de la que resultaría mucho más difícil salir.

En definitiva, el plan propuesto está cargado de buenas intenciones y promesas, pero habrá que fijarse en los detalles que harán realidad  este plan para saber si será eficiente o no.

En otro orden de cosas, la crisis de la zona euro ha permitido que el asunto que marcara los mercados a lo largo de la semana que viene quede en un segundo plano. Hablo del techo de endeudamiento de la administración  norteamericana.

A lo largo de la semana pasada he mantenido que los políticos norteamericanos llegarían a un acuerdo antes de la fecha límite del 2 de agosto, fecha del default selectivo. Pero parecen empeñados en quitarme la razón y el viernes no llegaron a ningún acuerdo. Ya el mismo viernes la Reserva Federal declaraba que estaba preparando un plan B por si los políticos no llegaban a ningún acuerdo.

Los efectos de esta falta de acuerdo ya se están reflejando en los CDS sobre la deuda soberana norteamericana a 53.0 pbs y una depreciación en los últimos cinco días del 4,39%.

Si hemos visto una caída en los mercados con la crisis de Grecia, ya podemos prepararnos si se da un default selectivo en Estados Unidos. Pensemos que si bien la situación económica norteamericana es mejor que la europea, una situación tan comprometida como el default, más el enfriamiento económico podría crear una nueva recesión y esto tendría consecuencias mundiales.

Esperemos que a lo largo de esta semana les entre el sentido común a los políticos norteamericanos y esto permita a los mercados el volver a centrarse en los datos macroeconómicos y corporativos, en vez de en las decisiones políticas.
 
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