Alcoholismo: Una enfermedad desconocida y repudiada socialmente

El alcohol forma parte de la cultura hispana y eso hace que el alcoholismo sea considerado por la sociedad más como un vicio, que como una enfermedad.

Es común escuchar frases como, “no bebas tanto que te sienta mal”, “con fuerza de voluntad, puedes controlar tu forma de beber” o “bebe porque quiere”. Lo que se deriva de estas ideas preconcebidas hace que el alcohólico, tenga un concepto distorsionado sobre sí mismo, por ello, o bien cree que es un vicioso, o un bebedor social que se excede de vez en cuando.

Ante este ambiente social, es difícil que el alcohólico o su familia puedan identificar la verdadera naturaleza del problema y es que el alcohólico es un enfermo, no un vicioso.



La enfermedad

Aunque para muchos pueda parecer increíble, la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya introdujo en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) del año 1953, introdujo el alcoholismo como una enfermedad. Actualmente, en su revisión CIE-10, forma parte de los apartados F04 y F10.

También forma parte como enfermedad de la prestigiosa clasificación DSM-IV de la Asociación Psiquiatría de Estados Unidos, en su apartado cuatro “trastornos relacionados con el alcohol”.


Independientemente de las clasificaciones, lo que sí se sabe seguro, es que el alcoholismo es una enfermedad progresiva, incurable y fatal. Si bien esta perspectiva sobre la enfermedad es demoledora, también tiene un elemento 
de esperanza y es que si se deja de beber, la enfermedad se para.

Hasta el momento, la ciencia no ha encontrado ningún método que permita la curación de esta enfermedad, pero sí se ha comprobado que la abstinencia del alcohol permite el estancamiento de la enfermedad y la recuperación del sujeto a nivel físico. Otra cosa es la recuperación del sujeto a nivel emocional y de los daños producidos en su entorno.





Las cifras del alcohol y las consecuencias a nivel fisiológico de la enfermedad


Al ser el alcohol un elemento cuasi cultural en nuestra sociedad, resulta complicado concienciar a los ciudadanos de sus efectos nocivos como consecuencia de su ingesta excesiva.
Las cifras son demoledoras, más de 13.000 personas mueren al año (6% de la mortalidad total) a consecuencia del consumo de alcohol, o lo que es lo mismo, muere una persona en España cada veinte minutos a causa del alcohol.
Por comparar con una realidad sobre la que sí existe una mayor conciencia social, como son los accidentes de tráfico. En el año 2010 fallecieron 1.730 personas en las carreteras españolas, o lo que es lo mismo, cada día muren 5 personas en accidentes de tráfico. Como consecuencia del alcohol, mueren en España 36 personas cada día, provoca más de 165.000 ingresos hospitalarios al año y supone un coste aproximado del 16% del gasto de la sanidad pública.
A nivel fisiológico, provoca el 70% de las cirrosis, el 60% de las pancreatitis crónicas y 42% de las pancreatitis agudas, etc. Pero a nivel social también participa en el 46% de los homicidios, en el 25% de los suicidios y en el 50% de casos de violencia de género.


Imagen del enfermo alcohólico y consecuencias en el entorno

La imagen que se tiene sobre un enfermo alcohólico es de una persona sucia, con graves problemas sociales; si mantiene una familia, esta familia está desestructurada. Además identificamos al alcohólico con el vagabundo que vemos en nuestras ciudades.

Si bien es cierto que la inmensa mayoría de las personas que viven en la calle o son alcohólicos o son adictos a una droga, en realidad son una pequeña parte de los enfermos alcohólicos, solo representan del 3% al 5% del total.
El alcoholismo, al contrario de lo que se suele pensar, no respeta ni clases sociales ni condiciones intelectuales. Atraviesa todos los estratos sociales sin ningún miramiento.

Muchos alcohólicos y familiares de alcohólicos suelen preferir enmascarar el problema mediante el término “bebedor social”. Esta clasificación permite a la familia y al enfermo alcohólico evitar la crítica social y las consecuencias que de ella se derivan. Estas consecuencias suelen ser la exclusión social, severos problemas en el ámbito laboral, etc.


Detección del enfermo alcohólico

Al considerarse el alcoholismo más como una lacra que como una enfermedad, la familia en muchas ocasiones se niega a reconocer que tiene a un enfermo y prefiere justificar sus conductas frente a los demás. Este hecho hace que el entorno familiar retrase las medidas necesarias para que el enfermo se enfrente a su enfermedad y comience un proceso de recuperación.

El alcohólico tiene una forma de beber compulsiva, no es capaz de controlar la cantidad de alcohol que ingiere, en su fuero interno desearía beber como los que él considera bebedores sociales. Hay momentos en el desarrollo de su enfermedad que consigue un cierto control, este control suele estar acompañado de días de sobriedad. También tratan de beber solo los fines de semana, buscan cambiar a bebidas con menor graduación. Pero nunca se sienten del todo seguros de que puedan controlar su forma de beber, muchas veces se emborrachan, cuando se habían propuesto no hacerlo. El problema no está en la última copa que ha bebido, sino en la primera que desencadena el mecanismo de la enfermedad.

El alcohólico bebe tanto si está feliz, para celebrarlo, como si esta triste, para calmar su angustia. Utiliza el alcohol como una muleta para controlar sus emociones. La consecuencia final de este torbellino de emociones es que el enfermo alcohólico llega al convencimiento que no puede vivir sin el alcohol y esto provoca una obsesión en el enfermo.

La enfermedad alcohólica crea problemas en el entorno familiar y en algunas ocasiones en el plano laboral. Las relaciones familiares se resienten, las discusiones son constantes y el enfermo aprovecha todas estas ocasiones para ir a beber. La falta en el cumplimiento de las obligaciones familiares es una constante y también aparece una pérdida de afectividad en las relaciones de pareja. La empatía del enfermo disminuye notablemente.

En el ámbito socio-laboral, las relaciones tanto de amistad como laborales se ven afectadas. Comienzan las malas caras de los amigos y aparecen momentos de tensión y vergüenza frente a ellos. Y en el trabajo aumentan los incidentes con los compañeros y los jefes, esto en casos más extremos supone la pérdida del puesto de trabajo y la inestabilidad en los siguientes trabajos.


Alcohol y juventud

El problema del alcoholismo no solo debe basarse en la actuación sobre el enfermo y su familia, sino que debe realizar una labor de prevención en la juventud.

No se debe olvidar que el botellón actual y la forma de beber los jóvenes en sus relaciones sociales puede aumentar el número de alcohólicos existentes en el futuro y convertirse en un verdadero problema de salud pública.

Solo indicar que la frecuencia de borracheras en el último mes entre los estudiantes de secundaria ha aumentado desde el año 1994 de un 21,4%, hasta un 49,6% del 2008. Dejamos este dato para recapacitar sobre lo que puede ocurrir en un futuro no muy lejano.


Alcoholismo, familia y sociedad

El alcohólico siempre negará que sea enfermo frente a su familia y esta negación crea en su entorno un sentimiento basado en la culpabilidad y en no haber estado a la altura de las circunstancias: “no he hecho lo suficiente". Este sentimiento constante de culpabilidad es consecuencia de la enfermedad del alcoholismo. La familia no es consciente que también está enferma, pues en numerosas ocasiones actúan como si tuvieran conductas alcohólicas, no siendo alcohólicos.

La familia del alcohólico también necesita ser tratada y apoyada para poder recuperarse de las consecuencias recibidas por haber convivido con un enfermo alcohólico.

La sociedad debe proveer tanto al alcohólico como a su familia de los medios necesarios para poder hacer frente a la enfermedad. Estos medios vienen dados por la existencia de un protocolo en los centros de salud de atención primaria, que permita a los médicos la detección de la enfermedad y les permita derivar a los pacientes de manera adecuada hacia los recursos psicosociales, médicos o complementarios como Alcohólicos Anónimos, Alcohólicos Rehabilitados, etc., en función del estado y momento del paciente.


Conclusión

Creo que llega el momento de asumir por parte de la sociedad que el alcoholismo es una enfermedad y que debe desaparecer la marca a fuego del rechazo social de los alcohólicos y tratarlos como a cualquier otro enfermo.


Alcoholismo: Una enfermedad desconocida y repudiada socialmente
Economia Ciudadana
Un acercamiento al alcoholismo que intenta acabar con las falsas ideas preconcebidas sobre la enfermedad y sobre el enfermo alcoholico
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